Capítulo 10

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Les vi andar hasta el pueblo y entrar por una de las calles. A continuación intuí las sombras de los chicos de la pandilla que fueron tras ellos. Pero yo me quedé allí. Congelado. No sabía que había sucedido. ¡Cómo podía salir mi Tía Elsa del mar! ¡Qué cosa más extraña ver unos seres y luego comprobar que delante tuya se han convertido en dos personas corrientes y encima una es tu familiar, con quien has estado horas antes!

Pero mi mente estaba demasiado tensa y asustada para pensar. Me quedé quieto, petrificado, sin saber qué hacer, preso del pánico. No sé cuánto tiempo, hasta que decidí volver a casa, porque también tenía miedo de quedarme sólo en la playa por si volvían.

Salí del montículo, miré al mar y no vi nada y me dirigí hacia el pueblo. Era tarde y había menos luces encendidas ya. Algunos bares y chiringuitos ya habían cerrado. Entonces sentí esa sensación horrible de saber que alguien te está observando. Y lo sentía cerca. Muy cerca. Me volví hacia el mar girando la cabeza despacio, pensando que segundos antes había mirado y no había nada. Pero ahora, al volverme, sí lo había. Claro que lo había.

Podría tener tres o cuatro metros de altura. Tenía forma humana. Era un gigante. Su ropa me pareció la de un buzo o la de un traje espacial. Ceñida al cuerpo. La cabeza no se veía porque tenía un tipo de escafandra semejante a una segunda piel,  pero podía imaginar sus ojos, tipo asiáticos. Nos miramos, o eso me pareció, uno al otro. ¿Tenía alas?  Yo estaba sin aliento. Era minúsculo a su lado. Pensé en salir corriendo, pero no pude. Entonces, el ser levantó su mano derecha enseñándome la palma o el guante, pues se parecía más a eso. Era una señal de saludo. La misma señal que Carl Sagan y Fran Drake diseñaron años antes para mandarlas en la nave Pionner X al espacio exterior. Algo interior me hizo pensar que me estaba sonriendo y diciéndome: ‘Saludos Alfard, me alegro de volver a verte, hasta la próxima‘.  O al menos esa frase resonó en el interior de mi cabeza. Hecho esto desapareció. Dejó de estar. No entró en el agua. No se lo tragó la Tierra. Simplemente, desapareció. Y a mi mente vino aquél ser que una vez vi con Pedro por encima de la tapia del lagar de la viña de mi casa. Era el mismo. Era él.

Pioneer plaque

Saludo humano enviado en la nave Pionner X al espacio exterior por la NASA.

Yo no podía más. La experiencia había sido demasiado fuerte. Me fui al pueblo corriendo, jadeando. Vi en el reloj del ayuntamiento que era la una de la mañana. Tenía miedo de llegar a casa. Suponía que Tía Elsa no estaría. ¿ A dónde habría ido? ¿me habría visto? ¿Cómo reaccionaríamos al vernos? Estaba totalmente desconcertado. ¿Quién era mi tía?

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